

¿Te acuerdas de las últimas luciérnagas? Latía su fulgor movedizo sobre la fronda ilesa. Ahora que, caprichoso, el verano se enfría y un aire de inclinada caligrafía inglesa hace vibrar los cables y se instala en los setos, las he visto otra vez. Me has cerrado los ojos muy apretadamente: una trama de objetos menudos, de neón, bulle como despojos de luz. El agua es una seda estrujada en la piscina: un viento fugaz nos acurruca. ¿No brilla una luciérnaga en tu córnea, parada, cuando tocas mi carne y me besas la nuca y acatamos felices la noche de verano? Vivir es esta dulce disolución en vano.



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